martes, 29 de agosto de 2017

La revuelta del tallarín y el incendio de las actas de nacimiento. 1934

 Por Óscar Cortés Palma

En la madrugada del 26 de septiembre de 1934, una bola de fuereños armados llegó a Axochiapan[1].

El ex zapatista Enrique Rodríguez Mora, alías el tallarín, arengaba a sus seguidores:

– ¡No cambiamos a los gobernantes por otros para que se enriquezcan y nosotros sigamos igual de pobres!–   
Sus seguidores lo secundaban:

– ¡Viva el general Enrique Rodríguez, vivan el general tallarín! – .

La gente no estaba conforme porque se iba a implementar el servicio militar obligatorio y porque seguían igual de pobres como antes de la revolución.

Eran como las 2 de la mañana, estaba oscuro, sin hacer ruido porque la calle estaba llena de yerba, la banda de 50 hombres armados del tallarín entró al pueblo. Se apoderó de los fondos de la receptoría de rentas y  del ayuntamiento municipal[2].

Quemaron cuanto papel encontraron en el ayuntamiento, fueron a las casas de los vecinos para que les vendieran caballos y armas; llevaban sus itacates cargados de comida que habían comprado en el pueblo.El Tallarín y su gente se llevaron la correspondencia de los correos y telégrafos de la estación del ferrocarril.

Severo Chileño era un niño cuando salió de su casa a ver de dónde provenían los sonidos de los cuernos y trompetas. Sus tíos estaban escondidos detrás de las puertas cerradas desde donde le gritaron asustados.

 – ¡Métete chamaco, por allá, en el centro andan unos revoltosos armados–.

Después de un par de horas, comenzaron a oírse de nuevo los sonidos de las trompetas, Severo Chileño las escuchaba emocionado, mientras los fuereños armados se retiraban de la población con rumbo a las serranías cercanas, unos iban a pie porque no tenían caballos. Siguiendo a los alzados iban: Adelaido, Cenobio, y Agustín.

Al amanecer, llegaron destacamentos de soldados en su persecución. El ayuntamiento de Axochiapan había sido vandalizado, todavía había humo y cenizas de montones de papeles quemados.

Los insurrectos anduvieron un tiempo huyendo y peleando. Cuando llegó el temporal, Adelaido, Cenobio, y Agustín aprovecharon la lluvia para sembrar maíz (tlayolli), frijol y calabaza en  las milpas serranas (conocidas como tlacololes) que están por santa Cruz.

Vivían en una cueva, en donde preparaban su tlaxcalli (comida). La vida en el cerro no le gustó a Agustín que fue entregarse a los soldados.

– Sé dónde está los demás, los llevaré si me perdonan–. Les dijo.

Después de caminar un rato, rodeado de soldados. Gritó:
–¡Ese que está allí limpiando el tlacolol, es uno de ellosl!-

Los soldados atravesaron los surcos pisando la milpa tierna y lo agarraron. Después, lo presentaron al presidente municipal Sebasrian González, a quien la gente le apodaba de chiste: “cabeza dura, carretón de la basura”, según porque era muy terco

: – ¿Usted conoce a este hombre?
A lo que el presidente municipal respondió:
– ¿Cuál hombre? Si, este fue uno de los revoltosos–.

 Los soldados colgaron al hombre en un mezquite del cerro cerca del rio.

Tres años después, el presidente de la república Lázaro Cárdenas, solucionó las peticiones del tallarín y su gente, y los amnistió por lo que regresaron calmados a sus poblados de origen. Sin embargo, la cosa no estaba olvidada. Un ex zapatista llamado José Solís, alias la zorrita, siempre andaba armado. La gente murmuraba:

– Si hay otra revolución mañana, la zorrita se va a la bola –
.
 José Solís alías la zorrita recomendó a su amigo Carlos Rodríguez como comandante municipal.

Después José Solís fue comisariado ejidal en el año de 1935, un año después de que Enrique Rodríguez, el Tallarín y su banda quemó el archivo municipal.

Un día cuando la zorrita andaba borracho con su sombrero en el brazo. Lo interceptó su amigo, el comandante municipal Carlos Rodríguez.

– ¡Qué pasó don zorrita está usted tomando!-–

Salieron abrazados de la cantina que estaba enfrente del jacalón, aprovechándose que estaba borracho, lo desarmó sin que se diera cuenta, y lo balaceó.  Después llegó su hijo gritando:

–¡Ya mataron a mi padre, agárrenlos!–

No obstante, los policías lo descalabraron y se fueron de pelada.

José Solís, alias la zorrita, ya estaba viejo cuando murió, solía decir que lo andaban persiguiendo por eso andaba armado, y en una ocasión balaceó a uno que lo seguía y nadie hizo nada porque era un pueblo sin ley ni orden.

 En sus años mosos le gustaba el relajo, en una de sus chanzas se disfrazó de soldado federal con su clarinete en la espalda, rodeado de zapatistas.

– ¡Capturaron a un soldado hay lo llevan en medio!–  decía la gente. Y la zorrita se carcajeaba.


En Axochiapan se levantó un acta judicial en 1934 porque como el Tallarín y su gente quemaron los archivos de  actas de nacimiento, las personas desconocía en que fecha habían nacido y unas se pusieron menor edad.






[1] AGUILAR Domínguez Ehecatl Dante. Enrique Rodríguez “El Tallarín” y la denominada Segunda Cristiada en Morelos, 1934 –1938. Tesis de Licenciatura en Historia. UAEM. 2007.
[2] 125 Declaración tomada al c. Fidel Ramírez. subagente receptor de rentas de Axochiapan MOR. El 23 de Noviembre de 1934. Expediente judicial No. 9/1936. Fojas: 15 –16. Archivo Histórico de la Suprema Corte de Justicia en el estado de Morelos. Cuernavaca.



© Texto: Óscar Cortés Palma 
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