jueves, 31 de agosto de 2017

El derribo de las mojoneras y la independencia. 1811

El derribo de las mojoneras y la  independencia. 1811

Por Óscar Cortés Palma


El hacendado español José Antonio Zalvidegoitia presentó unos documentos en el juzgado:

-Aquí se menciona que en el año de 1589 el Virrey le donó las tierras de Tetehuama a la familia Rebolledo que nos las heredó. En este otro manuscrito, se menciona que la familia Rodríguez me vendió el rancho Tlalayo por donde estaban las ruinas del desaparecido pueblo de Alchichica[1] -.

El abogado del pueblo de Axochiapan respondió:

-Esos documentos son  falso, no es posible que se haga una donación en perjuicio de otro, ya que en 1589 todavía estaba el pueblo de Tetehuama. De la misma manera las tierras al oriente, se las adueñó Diego Rodríguez de manera ilícita en la década de 1720-. 

José Antonio de Zalvidegoitia  advirtió:

-Mira abogado, si meten sus ganados a las tierras de la hacienda se los mato, si queman, talan  los montes o cultivan las tierras de la hacienda los voy a azotar-.

El hacendado colocó mojoneras rodeando el pueblo, unas al oriente y otras al poniente. El hambre  del ganado obligó a los pobladores de Ayoxochiapan a romper la cerca para que se metieran sus animales a comer el pasto, y volvieron a cultivar las extensas tierras en litigio.

El hacendado estaba furioso, ordenó a sus trabajadores que arrearan los ganados de la hacienda a las siembras, destruyéndolas. Y azotaron a los indios que defendían sus milpas de los bueyes de la hacienda.


Cinco décadas después, en1811, eso aún no estaba olvidado. La indignación recorría los pueblos que recordaban cómo les quitó sus tierras José Antonio Salvidegoitia.

Por eso, cuando llegó la avanzada insurgente del capitán Joaquín Camacho, originario de Jantetelco, los vecinos derribaron de nuevo las mojoneras y las cercas. Asaltaron las caballerizas y saquearon los sembradíos de la hacienda.

Mientras Morelos y los líderes insurgentes estaban luchando por la independencia, y crear un nuevo país, una comunidad imaginada[2].

La gente de los pueblos, en cambio se quedó cerca de sus terruños, odiaban al propietario de la hacienda de Tenango. No obstante, estaban pensando en un horizonte político más limitado, estaban luchando para defender sus comunidades de la hacienda[3].



El insurgente José María Morelos se acercó a Axochiapan, llegó primero a Chilapa, continuó para Tlapa, en donde se le unió el presbítero Mariano Antonio Tapia, cura de Chiautla. La población en su honor se llama ahora  Chiautla de Tapia.

El hacendado Mateo Musito Zalvidegoitia, comandante realista y amigo personal del virrey, junto con otros seis desgraciados españoles, fueron decapitados en Chiautla. De nada les sirvió a Mateo Musito Zalvidegoitia, ser pariente del antiguo dueño de la hacienda de Tenango, y que ofreciera cincuenta mil pesos para que lo dejaran vivir.

Vicente Guerrero con una avanzada insurgente encerró a los curas de Jolalpan y Teotlalco por ser contrarios a la independencia.

El 18 de diciembre de 1811 una avanzada insurgente llegó a Atlacahualoya, en ese entonces allí se encontraba la parroquia,  iban a caballo, pisando los sepulcros, en aquella época allí se enterraba a la gente.

Era el capitán Joaquín Camacho, originario de Jantetelco, con 20 hombres a caballo, atolondrando al mundo con algazara y gritando.

-¡Viva el general Morelos, Viva la independencia!

Bajaron de sus caballos, rodearon al cura mientras otros estaban colocados como centinelas, el capitán Camacho externó:

-Padre, traemos la orden de llevarlo con el  coronel Bravo-

El presbítero Miguel González de Aller y Soto respondió:

-Estoy enfermo muchachos, tengo calentura, miren lo poco que valgo, ya estoy viejo-

En la madrugada, bajo la luz de la luna, el cura del pueblo, montando a caballo fue conducido en medio de la turba armada al pueblo de Coayuca.

Allí lo recibió el coronel insurgente Leonardo Bravo. Ambos se conocían desde tiempo antes, cuando el presbítero Miguel de Aller y Soto fue cura de Chilpancingo y Leonardo Bravo era hacendado de allí mismo. Ahora los tiempos habían cambiado, Leonardo Bravo andaba de insurgente exhortado y peleando contra el gobierno. Aun así lo recibió con suavidad y cortesía, le dijo[4]:

-Padre, únase a nuestra causa. Sé que usted está molesto con las haciendas que le cobran diezmos hasta a las huertas parroquiales-.

-No puedo muchacho, creo que hay otros caminos, hay que llegar a un acuerdo para lograr la independencia sin violencia-.

-Padre recuerde los favores  que le hice cuando estaba en Chilpancingo -.

Después de esto el padre montó su caballo y fue conducido de nuevo por el capitán Joaquín Camacho a la parroquia de Atlacahualoya, Al llegar, el pueblo se había amotinado, las campanas de la iglesia repicaban, una turba de personas armadas con machetes, palos y piedras había tomado el control y se habían apropiado de las tierras en litigio con la hacienda de Tenango destruyendo las cercas y mojoneras.

Cuando el cura Miguel Aller y Soto comprendió que los pueblos de Axochiapan y Atlacahualoya eran como toros bravos. Imploró a sus superiores eclesiásticos que le permitieran abandonar esta parroquia e irse a la ciudad de México en busca de refugio.

La carta decía[5]:
Vi la ingratitud de mis feligreses en la alegre y festiva demostración de risas y palabras, acciones y expresiones chocantes e incesantes […]supe a ciencia fija las repetidas calumnias con que mis pueblos, Atlacahualoya y Axochiapa, pretendieron mi prisión y separación de mi beneficio, especialmente Atlacahualoya, que solicitó se le diera licencia para degollarme por ser europeo y lo mismo a mi familia […] siendo así que a excepción de muy pocos […] TODOS HAN SIDO NOTORIAMENTE TRAIDORES, y que voluntariamente se presentaron a Morelos con armas y caballos, aun hallándose todavía en Chilapa.

El presbítero Miguel González de Aller y Soto fue párroco de la región de Tenango, Axochiapan y Atlacahualoya,
En esa época la población hablaba náhuatl mixto con español. El naguañol, algo parecido al spanglish que hablan hoy los chicanos en Estados Unidos.

De Jantetelco, Atlacahualoya, Axochiapan, Coayuca, Quebrantadero y Tepalcingo salieron grupos unidos y organizados siguiendo a los insurgentes a Izúcar, entre ellos iba el cura de Jantetelco Mariano Matamoros. Dos meses después se llevaría a cabo el sitio de Cuautla.

Con la independencia, los pueblos  de la vecindad no recuperaron sus tierras por lo que el conflicto desembocó en la revolución mexicana de 1910. Cuando el pueblo unido y organizado destruyó las haciendas después de siglos de explotación.

© Texto: Óscar Cortés Palma 
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[1] El nuevo Alchichica emergió después de las revolución mexicana por migrantes de Lagunillas.
[2] Benedict Anderson, Comunidades imaginadas: reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo,
FCE, México, 1993.
[3] Entrevista a Erick van Young en http://www.bicentenario.gob.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=433 25/05/ 2010.

[4] AGN/ Inst. Coloniales/ Indiferente Virreinal/ Operaciones de Guerra Caja 4872 / Exp. 008/ 4 Fojas  Año 1813
[5] AGN/ Inst. Coloniales/ Indiferente Virreinal/ Operaciones de Guerra Caja 4872 / Exp. 008/ 4 Fojas  Año 1813

martes, 29 de agosto de 2017

La revuelta del tallarín y el incendio de las actas de nacimiento. 1934

 Por Óscar Cortés Palma

En la madrugada del 26 de septiembre de 1934, una bola de fuereños armados llegó a Axochiapan[1].

El ex zapatista Enrique Rodríguez Mora, alías el tallarín, arengaba a sus seguidores:

– ¡No cambiamos a los gobernantes por otros para que se enriquezcan y nosotros sigamos igual de pobres!–   
Sus seguidores lo secundaban:

– ¡Viva el general Enrique Rodríguez, vivan el general tallarín! – .

La gente no estaba conforme porque se iba a implementar el servicio militar obligatorio y porque seguían igual de pobres como antes de la revolución.

Eran como las 2 de la mañana, estaba oscuro, sin hacer ruido porque la calle estaba llena de yerba, la banda de 50 hombres armados del tallarín entró al pueblo. Se apoderó de los fondos de la receptoría de rentas y  del ayuntamiento municipal[2].

Quemaron cuanto papel encontraron en el ayuntamiento, fueron a las casas de los vecinos para que les vendieran caballos y armas; llevaban sus itacates cargados de comida que habían comprado en el pueblo.El Tallarín y su gente se llevaron la correspondencia de los correos y telégrafos de la estación del ferrocarril.

Severo Chileño era un niño cuando salió de su casa a ver de dónde provenían los sonidos de los cuernos y trompetas. Sus tíos estaban escondidos detrás de las puertas cerradas desde donde le gritaron asustados.

 – ¡Métete chamaco, por allá, en el centro andan unos revoltosos armados–.

Después de un par de horas, comenzaron a oírse de nuevo los sonidos de las trompetas, Severo Chileño las escuchaba emocionado, mientras los fuereños armados se retiraban de la población con rumbo a las serranías cercanas, unos iban a pie porque no tenían caballos. Siguiendo a los alzados iban: Adelaido, Cenobio, y Agustín.

Al amanecer, llegaron destacamentos de soldados en su persecución. El ayuntamiento de Axochiapan había sido vandalizado, todavía había humo y cenizas de montones de papeles quemados.

Los insurrectos anduvieron un tiempo huyendo y peleando. Cuando llegó el temporal, Adelaido, Cenobio, y Agustín aprovecharon la lluvia para sembrar maíz (tlayolli), frijol y calabaza en  las milpas serranas (conocidas como tlacololes) que están por santa Cruz.

Vivían en una cueva, en donde preparaban su tlaxcalli (comida). La vida en el cerro no le gustó a Agustín que fue entregarse a los soldados.

– Sé dónde está los demás, los llevaré si me perdonan–. Les dijo.

Después de caminar un rato, rodeado de soldados. Gritó:
–¡Ese que está allí limpiando el tlacolol, es uno de ellosl!-

Los soldados atravesaron los surcos pisando la milpa tierna y lo agarraron. Después, lo presentaron al presidente municipal Sebasrian González, a quien la gente le apodaba de chiste: “cabeza dura, carretón de la basura”, según porque era muy terco

: – ¿Usted conoce a este hombre?
A lo que el presidente municipal respondió:
– ¿Cuál hombre? Si, este fue uno de los revoltosos–.

 Los soldados colgaron al hombre en un mezquite del cerro cerca del rio.

Tres años después, el presidente de la república Lázaro Cárdenas, solucionó las peticiones del tallarín y su gente, y los amnistió por lo que regresaron calmados a sus poblados de origen. Sin embargo, la cosa no estaba olvidada. Un ex zapatista llamado José Solís, alias la zorrita, siempre andaba armado. La gente murmuraba:

– Si hay otra revolución mañana, la zorrita se va a la bola –
.
 José Solís alías la zorrita recomendó a su amigo Carlos Rodríguez como comandante municipal.

Después José Solís fue comisariado ejidal en el año de 1935, un año después de que Enrique Rodríguez, el Tallarín y su banda quemó el archivo municipal.

Un día cuando la zorrita andaba borracho con su sombrero en el brazo. Lo interceptó su amigo, el comandante municipal Carlos Rodríguez.

– ¡Qué pasó don zorrita está usted tomando!-–

Salieron abrazados de la cantina que estaba enfrente del jacalón, aprovechándose que estaba borracho, lo desarmó sin que se diera cuenta, y lo balaceó.  Después llegó su hijo gritando:

–¡Ya mataron a mi padre, agárrenlos!–

No obstante, los policías lo descalabraron y se fueron de pelada.

José Solís, alias la zorrita, ya estaba viejo cuando murió, solía decir que lo andaban persiguiendo por eso andaba armado, y en una ocasión balaceó a uno que lo seguía y nadie hizo nada porque era un pueblo sin ley ni orden.

 En sus años mosos le gustaba el relajo, en una de sus chanzas se disfrazó de soldado federal con su clarinete en la espalda, rodeado de zapatistas.

– ¡Capturaron a un soldado hay lo llevan en medio!–  decía la gente. Y la zorrita se carcajeaba.


En Axochiapan se levantó un acta judicial en 1934 porque como el Tallarín y su gente quemaron los archivos de  actas de nacimiento, las personas desconocía en que fecha habían nacido y unas se pusieron menor edad.






[1] AGUILAR Domínguez Ehecatl Dante. Enrique Rodríguez “El Tallarín” y la denominada Segunda Cristiada en Morelos, 1934 –1938. Tesis de Licenciatura en Historia. UAEM. 2007.
[2] 125 Declaración tomada al c. Fidel Ramírez. subagente receptor de rentas de Axochiapan MOR. El 23 de Noviembre de 1934. Expediente judicial No. 9/1936. Fojas: 15 –16. Archivo Histórico de la Suprema Corte de Justicia en el estado de Morelos. Cuernavaca.



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miércoles, 23 de agosto de 2017

Balacera en el Ayuntamiento Municipal. 1923

 Balacera en el Ayuntamiento Municipal de Axochiapan. 1923
Por Óscar Cortés Palma


Ya finalizada la revolución mexicana, en Axochiapan los pobladores estaban molestos con el cura del pueblo Elpidio Olvera. Debido al clima hostil en su contra, el cura decidió retirarse un tiempo de la iglesia de Axochiapan.

Era el año 1923 el pueblo estaba dividido, unos estaban con el Partido Agrarista y otros con el Partido Cooperativista que dirigía Joaquín Camaños.

Después de un tiempo, el cura del pueblo Elpidio Olvera regresó un sábado para preparar la misa del domingo. En la entrada de la parroquia, lo interceptó el comandante municipal,  el ex zapatista Secundino Onofre que iba acompañado de José G. Jalapa y de otros vecinos, que a través de engaños le quitaron las llaves de la parroquia.

Molesto el cura fue a quejarse con una organización política local conocida como  el Club Cuauhtémoc que estaba integrada por Jesús G. Enríquez, Hermelindo Enríquez, Cristóbal Sánchez, Raymundo Herrera, Martín Domínguez, Gumesindo Cedillo, Antonio Cedillo.
  
Estas personas al enterarse del problema de las llaves de la parroquia fueron a ver al presidente municipal el ex zapatista Félix Corrales para que solucionara el problema.

El presidente municipal, se entercó en no darles nada. A lo que los inconformes dijeron:

-No te haga tarugo presidente, estamos hablando de tus policías, que arrestes a Secundino Onofre y a José G. Jalapa. Y que ya no te metas en asuntos religiosos-.

El presidente municipal ni por aquí había pensado en quitarles las llaves, mucho menos en encerrar a sus policías, les dijo:

-Yo no he hecho nada malo muchachos,  el artículo 130 de la Constitución Mexicana dice que no tengo jurisdicción en asuntos religiosos, ¡vaya! Haremos el esfuerzo, estense sin cuidado-.

 Los inconformes estaban furiosos. Ese mismo día fueron a avisarle al exgeneral zapatista Joaquín Camaños lo que estaba aconteciendo.

Al día siguiente, era un domingo, al medio día, los integrantes del Club Cuauhtémoc Jesús G. Enríquez, Cristóbal Sánchez, Efrén Meléndez, José Cuate, Rodolfo Aguirre, Gonzalo Navarro, Hermelindo Enríquez, acompañados por el ex general zapatista Joaquín Camaños, fueron de nuevo a visitar al presidente municipal.

Félix Corrales titubeó en recibirlos. Después de pensarlo un rato, los atendió. Uno de los inconformes dijo:

-Ya te dijimos que no vamos a permitir que la parroquia este cerrada, queremos que la abras y que encierres a Secundino Onofre y a José G. Jalapa, no vamos a permitir más blasfemias-.

Entonces un grupo de mujeres dirigidas por Estefanía Enríquez comenzaron a gritar, venían por el Zócalo Juárez, en ese entonces allí se encontraba la presidencia municipal.

Al ver esto el comandante municipal Secundino Onofre y los demás policías que se encontraban armados en la calle aledaña, entraron abruptamente a la presidencia municipal, tratando de poner orden.

Fue entonces cuando Estefanía Enríquez se puso a gritarle a Secundino Onofre

-¿Compadre para que está usted poniendo la mano en el puñal? ¿Muy macho?-

Entonces, el ex general zapatista Joaquín Camaños, perdiendo el control de sí mismo, se puso a gritar y le dijo a Secundino Onofre:

-¡Cuando yo pongo la mano es para deberás! ¡Cabrón!-

Al ver esto, el secretario municipal comenzó a gritarles a  Joaquín Camaños y a Jesús G. Enríquez:

-¡Suplico señores tengan calma!-
Los ex zapatistas, Joaquín Camaños y Secundino Onofre, cual si estuvieran en un duelo del salvaje oeste, se agarraron a tiros. Después comenzaron a disparar todos y ocurrió una terrible balacera.
Cayeron: Joaquín Caamaño, Cristóbal Sánchez y Secundino Onofre. En las cercanías cayeron Hermelindo Enríquez, Sixto Saldívar (conocido como el cabezón), Domingo Montes y Fabián Vázquez (apodado el bigotes).
En esa balacera hubo otras seis personas heridas, entre ellas Jesús G. Enríquez (quien después fue diputado local). Otro herido fue el ex zapatista Víctor Onofre, hijo del comandante municipal Secundino Onofre. Víctor Onofre décadas después sería comisariado ejidal, síndico municipal, y en ocasiones la hacía de presidente municipal cuando este se ausentaba. Otro ex zapatista apodado "el pirigüíji" resultó ileso.
Como siempre a los autores intelectuales del conflicto no les pasó nada, sólo manipularon a la gente para que se pelearan entre sí.

El presidente y el secretario municipal fueron  a caballo a la Estación del ferrocarril a enviar telegramas solicitando al gobierno del estado que trajera soldados.

 A pesar de este trágico suceso el presidente municipal Félix Corrales continuó unos años más siendo un político influyente en el municipio y le tocó ser integrante del comité que realizó los primeros censos para la repartición de tierras a los ejidos de Axochiapan en el año de 1927 que benefició a los pobladores del municipio. Nadie fue castigado por la balacera.

El cura Elpidio Olvera fue removido a otras iglesias lejanas en donde continuó siendo párroco durante muchas décadas, del año 1927 hasta la década de 1960.

Después de esta balacera se cerró la Iglesia de Axochiapan, durante seis años, de 1923 a 1929. Y los trámites religiosos se hacían en la parroquia de Jonacatepec. Cuando finalizó la Guerra Cristera, fue reabierta la Iglesia de Axochiapan. 

Sobre el ex general Zapatista Joaquín Camaño, nació su leyenda y para la década de 1930 'se funda un pueblito como: Joaquín Camaños, en su honor[1].

Después de este trágico suceso empezó a circular el rumor de que Joaquín Camaños había caído por culpa del Gobierno del Estado de Morelos y  de sus representantes Miguel Carrera Peña en complicidad con el presidente municipal y con el secretario del Ayuntamiento originario del poblado de Zacualpan de Amilpas.

Es probable que Joaquín Camaños haya caído en una emboscada planeada por el gobierno para evitar que la región se levantara en armas, puesto que tres años después ocurrió la revolución cristera que no afectó al estado de Morelos, puesto que aquí nadie se rebeló. Se rebelaron por Michoacán, Guanajuato y Guadalajara.
Pudo haber sido cierto esto, pero es indiscutible que Joaquín Camaños tuvo muchos rivales.

El Ejército Federal Mexicano nunca le reconoció el grado de general zapatista, puesto que Joaquín Camaños, tal vez por falta de tiempo o desidia,  nunca comprobó su participación en combate durante la revolución mexicana, como consta en los  Archivos de la SEDENA. Camaños si andaba en la revolución como todo el pueblo andaba en esa época[2].

Además,  Joaquín Camaños fue acusado por vecinos de no participar en combates, de abusar de las mujeres, de robarse las vías del ferrocarril[3], de robarse al menos un terreno de una señora;  de querer apropiarse de las tierras del pueblo de Tzicatlán que limitan con Axochiapan; como constan estas denuncias en el Archivo General de la Nación  y en el Archivo del Estado de Morelos[4].

Por lo que no se descarta la idea de que haya sido emboscado por vecinos de su propio pueblo.  Esta idea es sostenida por el hecho de que no hubo nadie castigado por su muerte.

Y porque los que participaron en la balacera fueron ex zapatistas, como el presidente municipal Félix Corrales y el comandante municipal Secundino Onofre y su hijo Víctor Onofre, entre otros.

La verdad tal vez nunca se sepa, un periódico, meses después para explicarse este trágico suceso, decía[5]:

“La balacera se debió a diferencias entre los partidarios del Partido Agrarista que apoyaban a nivel nacional al presidente Álvaro Obregón y a su candidato Plutarco Elías Calles, contra una organización local conocida como Club Cuauhtémoc partidaria del Partido Cooperativista, que apoyaba a nivel nacional a Adolfo de la Huerta para presidente de México”.

No obstante, esta información es imprecisa, puesto que la rebelión delahuertista comenzó en diciembre y la balacera en Axochiapan fue en septiembre. Aun así, es posible que Joaquín Camaño si haya estado planeando levantarse en armas con la rebelión delahuertista, como rumoreaba la gente.

Otra opción es que fue un preludio a la rebelión cristera que comenzó tres años después, sin embargo, tampoco coinciden las fechas. Lo único que si coincide con la rebelión cristera es que hubo un cura involucrado.

Lo que si nos queda claro es que el presidente municipal y cura del pueblo se aprovecharon que  el Club Cuauhtémoc y el Partido Agrarista eran acérrimos enemigos.

Me faltó citar que Joaquín Camaños fue presidente municipal en el año 1922, en esa época duraban un año en el cargo. Joaquín Camaños permitió realizar procesiones religiosas en las calles como consta en los recibos del ayuntamiento firmados y sellados por él. 


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lunes, 14 de agosto de 2017

El incendio del pueblo

Por Óscar Cortés Palma



Ya consumado el golpe de estado apoyado por Estados Unidos. El general Victoriano Huerta  estableció una férrea dictadura militar.

Aún así los militares estaban perdiendo la guerra. Los militares decidieron cambiar de estrategía, ahora usaron el terror para debilitar el espíritu de los pueblos que apoyaban a la guerrilla.

Enviaron a la región oriente del estado de Morelos destacamentos de federales a incendiar pueblos. El coronel Luis Cartón incendió el pueblo de Tepalcingo, el 13 julio de 1913,  y después se dirigió hacia los cerros del sur incendiando pueblos que estan entre los estados de Morelos y Puebla.

Mientras tanto, en la estación del ferrocarril de Axochiapan, el coronel Gaudencio González de la Llave estableció un campamento regional, desde donde recibió noticias de que en el pueblo de Quebrantadero andaban un grupo de guerrilleros.

El coronel Gaudencio González de la Llave salió aprisa junto con  120 soldados federales, armados con rifles y dos ametralladoras persiguiendo a los zapatistas, era la mañana del martes 21 de octubre de 1913.

Media hora después llegaron a Quebrantadero, en donde se enfrentaron a guerrilleros ocultos en los tecorrales a quienes obligaron a huir en desbandada internándose en el monte.

Después, el coronel Gaudencio de la llave ordenó incendiar las casas del pueblo como castigo por apoyar a la guerrilla. Incendiaron las caballerizas,  los trojes o cuexcomates llenos de maíz. Todo ardía con enormes llamaradas porque la mayoría de las casas de ese entonces eran de zacate y azoteas de vigas de madera.

Los pobladores de Quebrantadero que habían huido al monte contemplaban con tristeza a lo lejos como se incendiaban sus pertenencias. Y trataban de  proteger a las niñas y niños  que lloraban desconsolados. En Quebrantadero cayeron abatidos 9 zapatistas, y otros 7 más quedaron heridos.

Después, el coronel Gaudencio de la llave regresó a la estación del ferrocarril de Axochiapan. En donde estaba el campamento militar de la región, y esperó el arribo de más refuerzos para seguir reprimiendo al pueblo.

En la misa, el cura del pueblo, el padre prisciliano animaba a sus feligreses:

-Hermanos, hay que mantenernos unidos y organizados en estos tiempos turbulentos, solo unidos y organizados seremos fuertes y respetados. No confíen en  esos políticos profesionales del engaño que quieren hacernos pelear a los unos contra los otros-.

En esa época, eran frecuentes las escaramuzas en Morelos, en una de estas se incendiaron los sembradíos de caña de la hacienda de san Ignacio por lo que fueron apresadas 27 personas entre ellas el cura del pueblo, el padre Prisciliano Espíritu.

Aún así, los pueblos eran valientes e inteligentes supieron mantenerse unidos y organizados.

Semanas después bajaron de una locomotora 70 personas de lugares lejanos, que habían sido obligadas mediante la leva a entrar al ejército y reforzaron la guarnición de la estación del ferrocarril en donde se encontraban otro centenar de jóvenes.

Mas la guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian se matan entre sí, por la decisión de viejos que se conocen y se odian, pero no se matan[1].

En efecto, el coronel Gaudencio de la llave, era un porfirista viejo, de 61 años de edad que manipulaba y obligaba a los muchachos a matarse entre sí.

Los muchachos no querían ir a la guerra. Una misteriosa muerte, en el campamento,  de un capitán por parte de un familiar del coronel de la  llave hizo crecer el descontento. Y en una ocasión los jóvenes soldados ya no soportaron más y se amotinaron.

Enterado de esto, el coronel Luis G. Cartón retornóAxochiapan, el 26 de diciembre de 1913 en donde cayeron 25 amotinados y la gran mayoría huyeron.

El coronel De la llave fue muy cruel, robaba e incendiaba a los pueblos. Muchos ancianos del municipio de Axochiapan cuentan que cuando se acercaban destacamentos de federales al pueblo, la gente preguntaba:

-Ahí vienen los soldados-
-¿Quien los dirige?-
-El General de la llave-.

Entonces la mayoría de los hombres huían al cerro o se escondían porque sino los fusilaban, y las mujeres se tiznaban la cara, se ensuciaban y se vestían con ropajes viejoss tratando de verse feas, se ocultaban en los petates, cuexcomates, pozos de agua. Los militares infundían terror y miedo.

Por eso, el coronel Gaudencio Gonzalez de la Llave fue tan odiado en la región, la gente se quejaba mucho de él, por lo que ya no fue útil para el gobierno federal ni estatal, porque su sola presencia provocaba repugnancia. Así que los altos mandos militares decidieron enviarlo lejos, a Aguascalientes y Jalisco, como jefe de reemplazo.

En cambio, el coronel Luis G. Cartón, no tuvo tanta suerte porque los zapatistas lo capturaron en Chilpancingo y lo juzgaron por incendiar pueblos y asesinar pacíficos, siendo encontrado culpable el 24 de marzo de 1914 fue fusilado.

En esa época, las escaramuzas eran frecuentes en la vecindad de Axochiapan, Atencingo, Chietla, Huehuetlan, Quebrantadero, Tlancualpican, Teotlalco y Tzicatlan.

El pueblo consciente estaba unido y organizado, no quería más explotación, era imposible detener la exigencia de paz,  justicia y repartición de la riquerza. En el año de 1914, se volvió a rebelar el pueblo de Axochiapan, para esa época todos los pueblos se habían rebelado. Los zapatistas habían ganado, por ahora….



[1]


© Texto: Óscar Cortés Palma 


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